Las mascotas robóticas tienen beneficios terapéuticos para las personas mayores

Los animales robóticos se introdujeron en las residencias de personas mayores en Japón a partir de 2009 para reproducir los beneficios de la terapia con mascotas. Se han realizado muchos estudios y los resultados son buenos. Durante la crisis de Covid-19, la asociación Little Brothers Friends of the Elderly de Chicago pudo experimentar esto tras recibir animales robóticos donados.

¿Cuándo apareció este proyecto?

El primer animal robot fue Paro, una foca bebé, inventada en 2002 por el Dr. Takanori Shibata para reproducir los beneficios de la terapia con mascotas. Entre 2009 y 2015 se crearon otros animales robot. Se han realizado experimentos en Japón y Estados Unidos. En las residencias de personas mayores, han entregado estos robots a personas mayores con trastornos de demencia. Las personas recibieron sesiones de grupo de 20 minutos tres veces a la semana durante tres meses, durante los cuales tuvieron acceso al sello PARO. El estudio de la Dra. Charlotte Yeh demostró que su ansiedad disminuyó, al igual que su necesidad de medicación para aliviar el dolor o los problemas de comportamiento. La Dra. Charlotte Yeh observó una mejora en su salud mental tras uno o dos meses de uso. Estos experimentos se han realizado en otros lugares y los resultados fueron los mismos. Otro estudio, realizado en 109 personas por un proveedor de viviendas para personas mayores en Estados Unidos, fue similar: al cabo de seis meses, los animales robot habían calmado a las personas mayores y mejorado su comportamiento social, así como su estado de ánimo y su apetito.

 Se han vendido miles de estos animales robot en Japón, Estados Unidos y otros países. En Francia, desde 2015, varias residencias de personas mayores han comprado algunas para sus residentes. Pero algunas personas tienen reservas y cuestionan el mantenimiento de una relación a largo plazo con un animal robótico, como la psicóloga y antropóloga Sherry Turkle, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, que lleva quince años estudiando nuestra relación con los objetos tecnológicos. Ha observado una tendencia entre los usuarios de robots domésticos a considerarlos vivos y a dejarse engañar por sus reacciones preprogramadas.

Al mismo tiempo, cada vez son más las residencias de personas mayores que utilizan la zooterapia para aportar bienestar a sus residentes, instalando pajareras, acuarios o implicando a asociaciones especializadas que ofrecen talleres con animales adiestrados para ello (perros, conejos, gatos, ponis…). La “terapia asistida por animales” es una práctica que ofrece un método terapéutico basado en el intercambio positivo entre el hombre y el animal.

Según Laurie Orlov, que lleva muchos años trabajando en la industria tecnológica, “Covid-19 ha creado un mundo extraño en el que ya nadie puede abrazar. La experiencia táctil de sostener un animal en los brazos trasciende esta carencia”. De hecho, la crisis sanitaria ha provocado un renovado interés por los animales robóticos y las ventas han aumentado.

La experiencia de Chicago

Antes de Navidad, la asociación Little Brothers Friends of the Elderly recibió una donación de 5 gatos robóticos. Se inició una reflexión para saber quién, entre las personas mayores aisladas que apoya la asociación, podría beneficiarse más de un animal robótico. Se optó por confiarlos a personas mayores cuyas mascotas habían fallecido recientemente y a las que no podían sustituir, así como a personas que se encontraban muy solas.

Los coordinadores del programa informan sobre el impacto de estos animales en las personas mayores: el primer resultado es la alegría de la persona mayor que lo recibe. Ann es coordinadora en Chicago y ha entregado dos gatos, uno a Lucy y otro a Charlene. Ambas personas mayores se sorprendieron por el tamaño y el realismo del animal. Ann describe: “Lucy estaba muy emocionada al recibirlo. Luego le mostré cómo ronronea el gato y lo real que parece y suena. Además de que entra en modo de reposo y se despierta cuando se le toca, Lucy dijo: “Puedo despertarme, abrazar a mi gato y cepillarlo, lo que me da una sensación de calor”.

La reacción de Charlene fue aún más entusiasta: “¡Le encantó! Lloró de felicidad porque la había hecho muy feliz. Dijo que le recordaba a su viejo gato que acababa de morir”. Ann dijo: “¡Estoy tan feliz de haber podido hacer esto por ellos!”

Crédito de la fotographia  : Little Brothers Friends of the Elderly

Sources : www.slate.fr / www.bfmtv.com / www.aarp.org